28 de agosto.

El 18 de agosto de 2022, jueves, por la tarde, se me ocurrió… La idea era: que apareciese el mismo contenido en todos y cada uno de mis Blog.

Al escribir la nota sobre el papel, me vino a la mente María. No dejo de pensar en ella, de recordarla y de sentir su ausencia.

La cuestión era hacer una publicación única; una especie de inicio de curso, de un nuevo punto de partida, para lo cual, debía de decidir el día, y ese día es hoy. Es también un aviso para “navegantes”. Realmente y sin dramatizar, no es más que una breve nota, un “recuerda Manuel”…

Sigo con mi vida, mis lenguas y mis artes marciales, mis cosas, con aquellas que me permiten caminar y hacer camino. Quizás sin ellas, hace tiempo que lo hubiese dejado de andar, pero, no son más que “cosas”, soy consciente de ello.

Al final, no hay nada realmente importante, solamente el camino por donde andas, casi sin querer.

Así pués, seguimos dando un paso más con esta entrada. Recuerda Manuel.

Manuel, esbama.

Mi Paula ya tiene barbada nueva. [Mentonera].

Sí y ha sido toda una odisea. Desde el lunes de la semana pasada quedé con Salvador, el luthier, para acercarme hoy. He llegado pronto y he almorzado en un bar muy próximo.

Al final, han llagado unos clientes, al luthier y mientras he ido a pagar, han abierto, con lo cual, he sido el segundo en llegar.

No es una queja, me ha encantado ver el proceso de encerdado1 de un arco. Muy interesante…

Salvador, trabaja bien, poco a poco, meticulosamente. Verle trabajar ha sido muy enriquecedor.

Yo sólo quería una barbada, y al final la he tenido, pero, al llegar a casa para ponerla en la viola, los tornillos que ajustan la barbada al instrumento, eran cortos. Los he sustituido por otros de la anterior barbada y ha quedado perfecto.

Ahora, la sensación es otra, está genial.

1.- No sé por qué se llama encerdado. No son cerdas son crines.

Una barbada para Paula.

En la imagen que se muestra de la viola Paula, la barbada es diferente a la que iba instalada cuando la compré. Seguramente la dueña decidió quedársela por comodidad. Nos habituamos a una cosa (imaginad unos zapatos), y es difícil que algo nuevo nos acomode.

Eso me sucede a mí, no me gustan las barbadas que se sujetan al centro y tienen forma de pala.

Quiero poner una barbada diferente. De momento la he retirada son más. Me acercaré al luthier a comprar otra que me agrade más.

Recuerdo una barbada Wolf que llevaba mi violín; era muy cómoda, pero no busco esa estética.

Paula.

Suelo poner nombres a mis instrumentos con el objeto de distinguirlos, aunque luego no los suelo llamar por su nombre. Son instrumentos. ¿Pero, quién es Paula y por qué ese nombre?

Paula es la anterior propietaria de esta magnífica viola, una chica joven de 16 años, estudiante de música, que ha adquirido un instrumento superior y se deshace del anterior instrumento. Simpática, de mirada clara e inteligente, toca muy, muy bien.

Los instrumentos te tienen que enamorar, te llenan o no te llenan… y ya puedes razonar contigo mismo que si no te convencen, siempre te faltará ese poquito para estar contento y disfrutar. A Paula le sucedió, y de entre los instrumentos que tenía a su disposición, eligió este.

El primer elemento que te enamora, es quizá el aspecto. La naturaleza de la madera, los tonos, las vetas, el aspecto general. Digamos que el instrumento desde un punto de vista mueble.

Obviamente lo más importante, el sonido, el timbre… que suene a viola y no a caja de cartón. La potencia del sonido, que no se quede dentro de la caja de resonancia o que no sea nasal… o chillona, que también las hay. El sonido ha de envolverte.

Me gustó bastante su aspecto, (el hecho de que fuese SANDNER, ayudó), y tras mucho pensarlo quedé con la propietaria. En el portal de su casa… Paula, sonaba bien, pero al cogerla, vaya, a veces percibes sensaciones difíciles de explicar.

El mástil robusto, el tamaño (39cm.) y el peso me parecieron hechos para mí. Me enamoró. Sonaba como a mí me gustaría que sonase «mi viola«.

Es difícil de justificar la inversión, pero, me apetece que, en el tiempo que tengo por delante, poder disfrutar de ciertas cosas que la música y los instrumentos me ofrecen.

Un arco barroco.

Hace unos días, Nehir, mi profesora de viola, me mostró un arco barroco, de madera de serpiente, muy atractivo de aspecto. Lo probé y me gustaron las sensaciones. Se trata de un arco ligero y sorprendentemente fácil de usar.

Miré en la Internet la posibilidad de adquirir uno, y lo encontré. Un arco de madera tropical y ébano, con las crines en negro. Fue precisamente esto lo que más me influyó a la hora de comprarlo.

He estado practicando, y vaya, ligereza y buen manejo, aunque los arcos actuales son más aptos para aplicar fuerza e intensidad.

El Luthier, me dice que viene de china, y que los revisa uno a uno. Hoy por hoy China es un buen proveedor de instrumentos de estilo barroco.

El arco mide 70 cm. de longitud, y no sé si realmente es específico para viola o violín; supongo que en época barroca no existían los estándares actuales…

La música barroca, quizás, es más para una interpretación más íntima, minuciosa… para lo que este tipo de arco es ideal. Al menos la música barroca que yo interpreto hoy en día.

Le puse buena cosa de resina y toqué muy agusto con él. Estoy contento.